La queja productiva

Con la mudanza y expatriación descubrí que no soy para nada fanática de los cambios. Cuando manifesté esto en voz alta a amigos y marido se  rieron en mi cara un buen rato, parece ser que todos lo sabían menos yo. Ridículo esto de darte cuenta de semejante característica de tu personalidad cuando decidís mudarte de país, dejar la carrera y comenzar una vida absolutamente distinta a la que tenias.

Con la cuestión de comenzar a ser ama de casa, término algo poco realista porque amar a la casa justamente no es algo que surja de alguien con un poco de sentido común. Amarás a tu familia, amaras hacer cosas por ellos, ahora la casa por mi que reviente, qué querés que te diga.

Bue, volviendo al punto, en este nuevo rol tuve la revelación divina de que no soy afecta a los cambios, me gusta tener rutina y mi mayor auto descubrimiento fue que el tiempo libre, la falta de una obligación me genera ansiedad, mucha ansiedad. Y cómo se lidia con la ansiedad una persona normal? Comiendo. Y qué se come? Frutas, verduras, tofu, mijo orgánico del Himalaya? No, no señores, la ansiedad se la baja a cucharadas de dulce de leche, a café con leche y un pedazo grande, grande de chocolate, que vas comiendo de a pedacitos pequeños para mentirte a vos misma, pensando que no estas comiendo todo ese chocolate que sí, te estás comiendo.

Entonces, trando de salir de este pozo de ansiead, chocolate, vida sin resolver, el paso número 1 fue generar actividades diarias, horarios y trazar todo tipo de planes mentales sobre mi futuro.

Segundo auto descubrimiento, soy bastante floja de actitud. Mil planes en la cabeza, agenda atiborrada de proyectos y una inercia pastosa a vencer para comenzar alguno de todos ellos. Por ejemplo, este blog. Me mude en enero del 2016 y recién en el 2018 lo empecé a escribir. Según mi análisis, basado en la nada misma porque no tengo conocimiento alguno de básicamente nada que no sea medicina, lo que me frena es lo no conocido, la falta de estructura, que alguien me diga lo que tengo que hacer, que no haya reglas, que dependa sólo de mi.

Me encontré siendo uan experta en crear excusas, absolutamente válidas que me impedían comenzar casi cualquier cosa. Enfocándome en el cuidado de los niños, la casa en su totalidad y ahogada en quejas sobre lo feo que es vivir así. Un bodrio de persona, difícil de aguantar, para resumir brevemente. Una quejosa crónica y poco productiva.

Finalmente, como moraleja de la historia, he puesto manos a la obra. Por ahí, la obra es mas bien un penoso intento por ocupar mi tiempo en algo productivo, pero es lo que hay. Igual, me veo en la obligación moral de aclarar que los niveles de chocolate y café no disminuyeron y el mijo órganico del Himalaya no lo compré.

Me ayudó mucho tener actividades fuera del: limpio, hago compras, cuido pibes. Mover el cerebro y levemente el cuerpo, porque la actividad física no sería mi fuerte.

Mis actividades fueron:

  1. comenzar inglés, quizás con este dato los mato, pero saber el idioma del país donde vivis parecería ser bastante útil,
  2. Arrancar el gimnasio así puedo comer con menos culpa, y quizás hasta logre cierto estado físico
  3. Empezar el blog

Mi lista de planes es más larga pero hay algo que tuve que entender, se puede hacer lo que se puede y no lo que se quiere. No sólo hablo de mis limitaciones físicas e intelectuales sino también asumir que ser madre de dos nenes chiquitos y tener como marido a alguien con mucha responsabilidad laboral, hace que me vea limitada en lo que puedo hacer. Si un nene se enferma, yo tengo que estar. Si no hay jardín, yo tengo que estar. Una vez que los retiro del colegio, yo tengo que estar. Si mi queridismo compañero de vida (odio cuando dicen eso, parece un copiloto) tiene que trabajar fin de semana o viaja, yo tengo que estar.

Todo esto implica asumir el rol que elegí tener, las responsabilidades que me tocan y en ese rompecabezas meter un poco lo que me gustaría hacer de mi vida. Y hacerlo, porque el bla bla, las listas y las ideas, si no se implementan, no te llevan a ningún lado.

Mi miedo mas grande es el futuro, es de público conocimiento que los hijos crecen y hacen su vida, sino pregúntenle a mi mamá, que llora cada día de su vida que me fui y le saque a los nietos, obviamente el tema es que le saque a los nietos, pero también cada tanto mecha un que me extraña porque queda bien, es de buena madre hacer sentir culpable al hijo/a.

Yo no quiero terminar siendo una vieja achacosa que mira novelas y discute con la televisión como si le hablaran personalmente a ella.

Para llegar a toda esta claridad mental, sobre lo que si quiero y lo que no, pasaron ya casi dos años y medio, algo de terapia, un poco de ansiolíticos, dosis altas de chocolate y café. Aún hoy sigo con mis excusas, mis pensamientos negativos y mala onda que me traicionan, pero si no fuera mala onda y negativa tampoco sería yo. No es cuestión de borrar la esencia de mi persona y andar sembrando amor y positivismo por el mundo,  boludeces no. Seré una quejosa en actividad, en todo caso.

Gracias por leerme,

Ana

 

 

 

 

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