El tiempo pasa, para todos.

Un día algo pasa y te caen todas las fichas juntas de que ya estas más cerca de los 40 que de los 29 y que hubo cambios, muchos cambios.

A mi me cayó hace poquito, vino mi marido del gimnasio,de retomar tras años y años de no pisar uno y no pudo mover los brazos por una semana por el dolor. Y después, me paso a mi, vuelvo con todo y hace 5 dias que sufro, porque esto ya es sufrir, de un dolor en la pierna que me niego a reconocer, en mi mente el dolor va a desaparecer mágicamente.

Hay infinitos signos y síntomas que nos hacen ver esta inevitable transición del adulto joven al adulto mayor, no digo que sea algo malo o bueno, digo que ocurre y muchas veces cuando notamos este suceso biológico “nos da la crisis”, porque ya no somos lo que eramos y qué nos pasó mientras tanto?

Están los signos obvios, los físicos. A saber, las arrugas, los achaques médicos que antes ignorabamos y ahora no soportamos, las visitas más frecuentes al médico, el uso de anteojos de cerca, de lejos, de descansar la vista, de tele y de que se yo que más, cualquiera menos los de sol, que ya no nos importa si nos quedan bien, sino si son buenos y nos protegen en serio.

Pero existen otros cambios, muy sutiles, que aparecen despacito y llegaron para quedarse. Los ignoramos al principio, porque no llegan de sopetón, pero un día son tan pero tan obvios, que hay que reconocerlos.

No me refiero a bastones ni pañales o apósitos para incontinencia, eso ya es otra etapa. Que también va a llegar, pero para ese entonces ni me voy a acordar que escribía un blog o como me llamaba.

Hablo de sutilezas cotidianas que un día las identificas,  y ZAS! cambiaste para siempre.

Voy a hacer LA LISTA y el que no se siente identificado es porque las ignora adrede.

  1. Café: antes era el liquido marrón que tomabas para despertarte, ahora nooooo. Ahora hay cafés mas ricos, cafés intomables, modos de tomarlo, cafeterías que preferís y las que no. Nada es simple, nunca más.
  2. Salir un ratito: pueden ser dos cosas, o todo ya te chupa un huevo y si te ven comprando pan en pantuflas ya no asombras a nadie o, muy al contrario, te adecentas mucho para ocultar tus miserias hogareñas. En mi caso, por ejemplo, no se lo  que es estar con ropa decente puertas adentro. Lo mio es andar en patas y joggineta. Por favor, entierrenme con ese out fit para que mi alma descanse en paz. Con algunas palabras tipo: aquí descansa el cuerpo de Ana a la que todo le termino chupando un huevo. Mentiras, tipo madre ejemplar, abstenerse.
  3. La mesita de luz: quizás siempre hubo libros y siempre los habrá. Pero ahora hay que hacer espacio para que entren los  remedios diarios y el vasito de agua, por si nos da sed de madrugada.
  4. Dormir: tirarte en la cama y pegarle derecho hasta que el despertador te obligara a recuperar los sentidos sólo vuelve a ocurrir cuando te hiciste el loco y madrugaste hasta la 1 am. Ahora te despertás solito y hasta vas alguna vez al baño durante la madrugada.
  5. Salidas: el boliche quedó lejos, lejiiiiisimos. Menos para aquellos que están en otro tipo de crisis, la resistencia al paso del tiempo. Pero los que miramos con cariño la madurez física, no se la mental  porque eso depende de cada uno, ya nos aceptamos y sabemos que tiene que haber música tranquila o mejor que no haya. Buena luz si estamos comiendo, porque nos gusta ver lo que hay en el plato. Que no termine muy tarde y que tampoco se zarpe en precio. Si caíste en la trampa de la reproducción y tenés hijo/s, ya las salidas implican todo un organigrama que ni los mejores estrategas son capaces de lograr. O el plan es kid friendly, la mayoría lo son,o hay que sobornar, suplicar, prometer cosas horribles para que alguien los cuide.
  6. Ropa: ufffff, acá si que caí bajo, bajisimooooo. Importan dos cosas: que este limpia y que te quede cómoda. Si esta a la moda pasó a segundo, tercero o directamente se fue del plano. Ni hablar si salís a comprar, te indignas con los precios y te agarra la rebelión anti sistema del tipo “pero están locos si piensan que voy a pagar eso por un jean”, al final lo compras, pero otro  día cuando ya la vendedora/o no te reconoce o el mismo día en otro local.
  7. Comida: ya a estas alturas tenés la que te gusta con locura, la que nunca probaste ni vas a probar y la que te cae mal. Cuando llegas al casillero de “eso no como porque me cae mal” cagaste, en el mejor sentido de la palabra. Y si salís a comer, que te sirvan un plato decente y rebosante, la cosa moderna con mucha semilla, porción chiquitita, en el medio de un plato geométricamente indescriptible y grande se lo dejamos a los centennials y los que vendrán.
  8. Amistades: acá ya somos peor que el patovíca más malo, más grandote y terrible del boliche más de moda del universo entero. Ya la selección es tan detallista que si todos tus amigos mueren ahora o desaparecen misteriosamente, para quitar dramatismo, te quedas sólo el resto de tus días. Los que tenés ahora son los que te quieren como sos, los que te soportan para ser honestos y los que vos soportas.  Cualquier nueva adquisición se hace tras meses de pruebas y pasaron normas ISO muy jodidas, no imposibles, pero no cualquiera las pasa.
  9. Hijos: si los tuviste, por mas que te querés hacer el que sos distinto a todos, no podes, no sos ni lo serás.  Sos un padre más, igual al resto. Hablás de ellos igual que el resto, tenés los problemas iguales al resto, los queres y odias al mismo tiempo como todos lo hacemos. Y asi, los padres no somos originales, somos todos iguales en esta materia. Un poco más afines con unos que con otros pero nunca muy lejos de la media. A menos que te re pases de original y seas un psicótico maltratador o lo opuesto, Caroline Ingalls. En esta etapa de la vida te reconoces finalmente como uno mas de la manada, aceptas tu destino y seguís hablando de ellos hasta el infinito mientras el resto pone cara de atento cuando en realidad piensa que tan mal queda si se va a la mierda.
  10. Finalmente, la agenda. Ya sea porque las prioridades aumentan o la mente se deteriora, la agenda, el calendar del celu o el hilo atado al dedo (no lo recomiendo, después no sabes porque es el hilo y lo culpas a tu hijo) empieza a ser primero una cuestión de seguridad, por las dudas lo agendo y después de necesidad, si no lo agendo AHORA me olvido.

Y así podría quedarme detallando los cambios de mi vida que aparecieron en estos 37 años, pero por ahora me limito a estos 10 y continuo ignorando al resto hasta que su reconocimiento sea inevitable.

Gracias por leerme,

Ana.

 

 

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